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5,7 millones de razones para hablar de estrés y ansiedad

Ahora que la salud mental comienza a tener más visibilidad, observo con preocupación los elevados niveles de ansiedad que sufre una gran parte de la población. Es algo que percibo cada día en mi entorno social y profesional.

Solo en España, se estima que el 15 % de la población sufre problemas de ansiedad o estrés. Hablamos de más de 5,7 millones de personas diagnosticadas.

Ni el estrés ni la ansiedad son males necesarios. Son indicadores de que las exigencias sociales, familiares, económicas y, muy frecuentemente, profesionales, nos están sobrepasando. Esto genera preocupación constante, insomnio, nerviosismo o incluso síntomas físicos que interfieren en nuestra vida diaria.

La ansiedad persistente y prolongada puede tener consecuencias graves, tanto físicas (trastornos cardiovasculares, musculares, digestivos, inmunológicos, dermatológicos…) como mentales (depresión, trastorno de pánico, fobias…).

Hoy más que nunca, es importante que escuchemos a nuestro cuerpo y nuestra mente. No se trata de ignorar lo que sentimos, sino de reconocerlo, validarlo y atenderlo.

Si te sientes reflejado/a en esta situación, no lo dudes: acude a un profesional de salud mental. Los especialistas estamos para guiar y acompañar emocionalmente en estas situaciones. No tienes por qué enfrentarlo solo/a.

En terapia aprenderás a comprender lo que te ocurre, a identificar los pensamientos que alimentan tu ansiedad, a regular tus emociones y a recuperar el equilibrio que quizá has perdido sin darte cuenta. Y no hace falta tocar fondo para pedir ayuda: la prevención también es una forma de autocuidado.

Además, existen estrategias de cuidado personal que pueden ayudarte:

  • Técnicas de relajación y control del estrés (puedes encontrar mucho contenido útil en YouTube sobre respiración y meditación guiada).
  • Actividad física adaptada a tus capacidades, sin presión y con regularidad.
  • Mantenerte activo/a socialmente y rodearte de personas significativas (planes con amigos, familia, pareja…).
  • Organizar tus tiempos, priorizar, y aprender a soltar aquello que no puedes controlar.

También es importante que aprendas a poner límites, a decir que no sin culpa, y a darte permiso para bajar el ritmo cuando lo necesitas. Vivimos en una sociedad que premia el exceso de productividad y el “estar siempre bien”, pero tu bienestar no debería medirse por tu rendimiento, sino por cómo te sientes contigo mismo/a y con tu vida.

Ahora más que nunca… escúchate y cuídate. Recuerda que tu prioridad deberías ser tú.

Gracias por leer 😉