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Tengo ansiedad y no sé por qué: cuando aparentemente todo va bien, pero tú no estás bien

“En realidad no me pasa nada. Tengo trabajo, mi familia está bien, no ha ocurrido nada grave… No entiendo por qué tengo ansiedad.”

Es una frase que escuchamos con frecuencia en consulta.

A veces la ansiedad aparece asociada a un problema fácilmente identificable: una ruptura, dificultades laborales, una enfermedad, un conflicto familiar o una etapa de mucha incertidumbre. Pero otras veces no encontramos una causa clara que explique cómo nos sentimos.

Y eso puede resultar especialmente desconcertante.

Porque, además del propio malestar, aparece una segunda preocupación: “Si todo está bien, ¿por qué me siento así?”

La respuesta es que la ansiedad no siempre aparece como reacción a algo que está ocurriendo en este momento. Para comprenderla, muchas veces necesitamos mirar un poco más allá.

¿Se puede tener ansiedad sin motivo?

Podemos sentir que tenemos ansiedad “sin motivo”, aunque normalmente eso no significa que no exista ninguna explicación.

Significa que la causa no resulta evidente para nosotros.

Nuestro organismo responde no solo a acontecimientos puntuales, sino también a periodos prolongados de estrés, formas de relacionarnos con nosotros mismos, preocupaciones mantenidas, experiencias anteriores, conflictos emocionales o maneras de funcionar que hemos normalizado durante mucho tiempo.

A veces llevamos meses —incluso años— funcionando con un nivel elevado de exigencia y solo somos conscientes del problema cuando nuestro cuerpo empieza a decir que no puede continuar al mismo ritmo.

La ansiedad no siempre se parece a “estar nervioso”

Una de las razones por las que algunas personas tardan en identificarla es que la ansiedad puede manifestarse de formas muy diferentes.

Puede aparecer como preocupación constante, sensación de alerta, presión en el pecho, dificultad para respirar con normalidad, tensión muscular, problemas digestivos, insomnio, irritabilidad o dificultad para desconectar.

Pero también puede presentarse de maneras menos evidentes: necesidad de tenerlo todo bajo control, darle vueltas continuamente a las cosas, dificultad para tomar decisiones, miedo a equivocarse, sensación de que nunca hacemos suficiente o incapacidad para descansar sin sentirnos culpables.

Incluso podemos seguir funcionando perfectamente hacia fuera mientras por dentro sentimos que estamos permanentemente al límite.

“Pero si mi vida está bien, no debería sentirme así”

Este pensamiento puede aumentar todavía más el malestar.

Cuando creemos que no tenemos derecho a sentir ansiedad porque objetivamente nuestra vida está bien, empezamos a luchar contra lo que sentimos.

Nos juzgamos.

Nos comparamos.

Intentamos quitarnos importancia.

“Hay personas que tienen problemas de verdad.”

“Debería estar agradecida.”

“No tengo motivos para estar así.”

Pero las emociones no funcionan según una lista objetiva de razones por las que tenemos permitido sentirnos mal.

Que no exista una gran crisis externa no significa que no haya algo que necesite nuestra atención.

¿Qué puede haber detrás de una ansiedad que parece no tener explicación?

No existe una única respuesta y cada persona necesita ser comprendida dentro de su propia historia.

Sin embargo, en terapia encontramos con frecuencia algunos factores que pueden contribuir a mantener la ansiedad.

Uno de ellos es la autoexigencia. Personas acostumbradas a responder, cumplir, cuidar de otros, solucionar problemas y seguir adelante pueden vivir durante mucho tiempo con una activación elevada sin identificarla como ansiedad.

También puede existir una necesidad intensa de control. Intentamos anticiparnos a todo para sentirnos seguros, pero paradójicamente acabamos viviendo pendientes de todo aquello que podría salir mal.

En otras ocasiones encontramos dificultades para poner límites, decir que no o expresar nuestras propias necesidades. El conflicto se evita hacia fuera, pero el malestar continúa por dentro.

También pueden influir determinadas experiencias del pasado. Nuestro sistema emocional aprende de lo que hemos vivido y, en ocasiones, continúa reaccionando ante situaciones actuales como si necesitara protegernos de algo que ya ocurrió.

Por eso, en algunos casos, comprender la ansiedad implica explorar también nuestra historia, nuestros vínculos y la forma en que hemos aprendido a relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

¿Por qué intentar controlar la ansiedad puede empeorarla?

Cuando aparece una sensación desagradable, nuestra reacción natural suele ser intentar eliminarla.

“Necesito dejar de sentir esto.”

El problema es que podemos empezar a vigilar constantemente nuestro propio estado:

¿Estoy nerviosa? ¿Me está empezando otra vez? ¿Y si mañana sigo así?

Y cuanto más observamos la ansiedad con miedo, más amenazante puede parecernos.

Esto no significa que tengamos que resignarnos a vivir con ella. Significa que el objetivo no siempre consiste simplemente en hacer desaparecer los síntomas, sino en comprender qué función están cumpliendo y aprender nuevas maneras de relacionarnos con aquello que sentimos.

¿Cuándo puede ser recomendable acudir a terapia?

No es necesario esperar a encontrarse completamente desbordado.

Puede ser útil pedir ayuda cuando la ansiedad empieza a interferir en el descanso, las relaciones, el trabajo o la capacidad para disfrutar; cuando evitamos situaciones por miedo; cuando las preocupaciones ocupan gran parte del día; o cuando llevamos tiempo intentando encontrarnos mejor sin conseguirlo.

También cuando simplemente sentimos:

“No sé exactamente qué me pasa, pero sé que no estoy bien.”

Eso ya es motivo suficiente para detenerse y prestar atención.

¿Cómo se trabaja la ansiedad en terapia?

La terapia no debería consistir únicamente en aprender técnicas para calmarnos.

Esas herramientas pueden ser muy útiles, pero también necesitamos comprender qué está manteniendo la ansiedad en esa persona concreta.

En terapia podemos trabajar la regulación emocional, los pensamientos y preocupaciones, la relación con la incertidumbre, la autoexigencia, los límites, determinadas experiencias pasadas o patrones relacionales que continúan generando malestar.

El tratamiento será diferente dependiendo de la historia y las necesidades de cada persona.

En Elbire Arana Psicología trabajamos desde una perspectiva integradora, adaptando el proceso terapéutico a cada caso y combinando diferentes herramientas y enfoques cuando resultan adecuados.

No necesitas saber exactamente qué te pasa para pedir ayuda

Esta es quizá la idea más importante.

Muchas personas retrasan el momento de acudir a terapia porque creen que deberían ser capaces de explicar perfectamente qué les ocurre.

No hace falta.

Puedes llegar diciendo:

“Tengo ansiedad y no sé por qué.”

Comprender qué hay detrás puede formar parte precisamente del proceso terapéutico.

Si llevas tiempo sintiendo ansiedad, preocupación, tensión o la sensación de que algo no va bien aunque aparentemente “no tengas motivos”, podemos ayudarte a entender qué está ocurriendo y valorar qué tipo de acompañamiento puede encajar mejor contigo.